HANNI OSSOTT



Cuerpo: una disolución ante diversas instancias

Todo se desmiembra, ninguna forma es capaz de sostenerse, ningún nombre. Vuelo irreversible hacia la sensación. Piel, trozos de piel. Dispersión. Dislocaciones. Y este sonido inmenso, retenido, denso y frágil.

Continuamente, puerta tras puerta: estancias, estallidos y abandonos. Pero nunca nada inmóvil. Y, continuamente, desaparecen una tras otra cada una de las nomenclaturas. Viento uniforme poseído por la graved~d de los colores. Ellos pesan o se vuelven imponderables. Color despojado de límites: uno en el otro: pasión inmersa en la pasión, sin saberse.
Apenas dormir, volverse escucha de estas fuerzas contrarias. Saberse dormido en la convivencia. Desaparece la tensión de un acto, desaparece también la violencia de rasgaduras en cualquier rostro. Lo uno en lo otro, sin pasado, sin proyectos. La muerte de todos señalada con alegría, a la espera.

Aquí el vocabulario ama lo que se despide porque se está en la retirada continua e inaplazable. Desde este léxico, se ha borrado toda forma que no sea el desplazamiento. Se ha neutralizado toda espera. Aquí nos fundimos en lo que siempre está por deshacerse. Hemos abandonado, a favor de la voluptuosidad, los planos desde donde se mira. Todas las formas de roce reunidas. En este lugar, temerosamente asido por anticipaciones, espacio sin referencias:

se nos duerme, se nos rige.

Cuerpos sumidos a las órdenes de un sitio breve, a disposición de la caída más o menos flexible, desde un árbol o desde cualquiera otra altura, poseídos acaso por el temblor de un fragmento de tierra (uno, que arbitrariamente supo escapar) o por la aparición repentina de un espacio más hondo, de mayores gravitaciones y frente a la presencia de extensas fuerzas, justo allí, pero no por mucho tiempo, porque otra forma contradictoria e imprevisible será capaz de tomarnos hacia su zona, sin mayores explicaciones…
Y aceptaremos.

La gravedad se suelta. Atravieso inmensos sembradíos. Otros están en otros lugares: rocas, paisajes, una ciudad o un rostro que nunca se supo hollar a tiempo. Sin embargo, hemos sido absueltos.

Cuerpos de sensación. Cuerpos de densación. Cielo e infierno eternamente resueltos y en la carne y en el pensamiento continuamente borrados.

Reiteradas tensiones de cuerdas de guitarra, reiterada vibración de sonido, sin pausa, abierto a la espera y al abandono, entre el asombro y el apaciguamiento.

Todo esto, esta capacidad de provocar disoluciones y asimilarlas, también está aquí.
Esta capacidad, detenida y en potencia, en nuestros sólidos cuerpos hechos de resurrecciones y desgarraduras.
Sí, pero no es igual, en los nuestros deja huellas, hiere. Allá se desconoce toda conciencia para ser solo recorrido son conocimiento. Memorandum arbitrario de sucesiones…
                                                              ¿Dónde allá?




Atracción de lo vasto

Ese canto resonante
de Cuerpo
esa expectoración primera
inicialmente contenida
bufido o eructo desarticulado

Ese pujar vocal

Estertor físico del soy que se busca

Y esa primera abolición del ser en la palabra inicial

Ah voz en ahogo
violencia y voluptuosidad cercada
Ah tránsito de ser a mí

Ah gorgojeo
                  rasgadura de garganta
ruido
                  pobladura de lo vasto

Eco
Inserción de lo inmenso en lo breve
Imagen
Consecución
Y esto: lo que puedo decir desde mí mismo
hoy
ahora que he aprendido a articular mi discurso
Esto, para decir:
Oh escena terrible para espectáculo
Oh espantosa contemplación de lo solo
No calma desde esta calma
No suficiente sin sentido desde esta ausencia

Desierto y ruina
                  –y decirlo se torna ridículo–
Ah, mira la contorsión del cuerpo, la siempre en oposición
Pero me contorsiono
y profiero
sólo yo puedo hacerlo
desde lo que me cerca y me abre
Ah canto siempre devuelto
Siempre no nacido todavía o a destiempo
Tajada, sí…

Y muero por lo vasto que cercena
como los dioses mueren por la nada y se levantan
contra ese soy que en extensión cubre

¿Lo signo, lo fijo, lo canto?
lo dilatado ineludible?
Lo canto, lo signo
porque también habita en mí el deseo de su posibilidad
en franca oposición a lo permanente
en rechazo al borde demasiado preciso
y a la costumbre de esta piel
en distancia de mi propio cuerpo
hacia la instauración de lo breve
por atracción a la ausencia
                                 erguido el canto en regreso al soy




Rezo

Tengo miedo
Desconozco
No sé moverme
El río me habla de lo raro
de lo inmenso
Rezo
no sé de la montaña
sólo que es grande, magnífica
no debo decir de lágrimas en su pena
Rezo, está el mar
y el golpe apresurado de ola a ola
Y hay cosas que olvido
           las más pequeñas
           corpúsculos de luz
lamentos
            Mi llanto no tiene fin
y debo consagrarme
             atenta

                  ⁂

Nuestra soledad cubierta de objetos y paredes
        entretejida de risas
        amigos, hornos, crecimiento de plantas
esa distancia entre habitación y alcoba
           beso y caricia
y el lazo obligatorio, tácito
           lo convenido para el resguardo
           cuidos, protección.

La casa, ese edificio soñado por nosotros
llena, plena de lenguajes
           «puesto que de ti y de mí nada puede irse
                  nada puede ser fuga»
los lazos, las tijeras, los pespuntes
que atan tela a tela
cuerpo a cuerpo.

Y al fondo una ventana
          para quien mira
          solo.




Dios y el poema

Dios
me quedo todo el tiempo posible
                   ante un poema
                   para que salga bien.

                   Es como una oración
                             Una invocación.

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