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Mostrando las entradas de julio, 2020

HANNI OSSOTT

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Cuerpo: una disolución ante diversas instancias Todo se desmiembra, ninguna forma es capaz de sostenerse, ningún nombre. Vuelo irreversible hacia la sensación. Piel, trozos de piel. Dispersión. Dislocaciones. Y este sonido inmenso, retenido, denso y frágil. Continuamente, puerta tras puerta: estancias, estallidos y abandonos. Pero nunca nada inmóvil. Y, continuamente, desaparecen una tras otra cada una de las nomenclaturas. Viento uniforme poseído por la graved~d de los colores. Ellos pesan o se vuelven imponderables. Color despojado de límites: uno en el otro: pasión inmersa en la pasión, sin saberse. Apenas dormir, volverse escucha de estas fuerzas contrarias. Saberse dormido en la convivencia. Desaparece la tensión de un acto, desaparece también la violencia de rasgaduras en cualquier rostro. Lo uno en lo otro, sin pasado, sin proyectos. La muerte de todos señalada con alegría, a la espera. Aquí el vocabulario ama lo que se despide porque se está en la retirada continua e inaplazabl...

CAUPOLICÁN OVALLES

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¿Duerme usted, señor presidente? ¿Duerme usted, señor presidente? Se cree el más joven y es un asesino de cuidado. Nadie podría decir cuál es su gesto de hombre amado, porque todos escupen su signo y le dicen cuando pasa: “Ahí va la mierda más coqueta”. Cuando se paga la luz, el teléfono, el gas, y el agua, como un recién-nacido, entre cuidados y muelles de colchones, la vieja zorra duerme. Nada le hace despertar. EL PRESIDENTE vive gozando en su palacio. Yo, poeta …Yo, Poeta-Hostias, de veinticinco años de edad y abogado sin ejercicio     andaré en mi caballo rojo temido y elegante. Mi caballo de nombre secreto para tenerle libre de apremio o detención, pues en esta ciudad, que yo beso con mis labios de hermano de una sola mujer, todo hay que tenerlo al cuidado de los peores peligros y acechanzas de un reino de hombres y mujeres que nada respetan y todo destruyen al primer golpe de vista Con mi caballo yo andaré pisoteando calaveras en mi ciudad rodeada por murallas blancas m...

VICTOR "EL CHINO" VALERA MORA

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Tendrá que ser así Sinuosos tiempos, estaciones, caminos que nos tocan, propicios para el heroísmo más completo o para guardarnos como cautelosos erizos. Tempranamente fuimos aventados al margen de las cosas más simples y necesarias, clavados con alambradas alrededor de nuestra sangre y candados en la boca para oscurecernos. No tenía remedio la vida atada a lo melancólico. Terribles días. Pero recoge las páginas donde los enamorados escriben cortando con navajas, revisa los libros busca en las grandes piedras talladas y en los manuscritos del mar, desde Gutemberg hasta las dos Declaraciones de La Habana busca, acumula, reúne, clasifica, sal a la calle con balanza y metro, pesa y mide blanco y negro, amor y olvido, agua y fuego, filo geográfico y campana celeste. Al final todo más claro. Bañamos nuestra cabalgadura solo una vez en aguas del mismo río. Camina a paso de monte y hazte amigo del viento que llevará los pesares al sitio de tu arrebato. Que los solitarios no te enfaden, pero r...

IDA GRAMCKO

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El cuervo A Edgar Allan Poe. Solo quedan, roídos, los peldaños de una escalera en sombras; una percha que incita con los garfios de dos cuernos agudos, y unas ropas sobadas por el tiempo y el espacio y ausentes de calor y de memoria; sólo un tapiz de raso con manchas de oro y un sillón con borlas; un abanico abierto, y un retrato erguido, solitario, en una cónsola un espejo que es agua de los años con amorcillos en la cornucopia. ¡Ah, ya lo ves! Y mis dormidos pasos que suben, sin querer, mientras azota el viento en los cristales como un pájaro con las húmedas alas en zozobra. ¡Ah, ya lo ves! ¿Acaso soy el espectro errante de Leonora? De mi cuerpo, caído campanario se alejaron las últimas palomas. Hoy sólo anida un cuervo en mi regazo como en una cornisa melancólica. Plegaria No te puedo nombrar. No tienes nombre. Eres lo que se siente. Nunca lo que se explica. ¡Oh mi Absoluto Amado, a quien descubro ahora sin que ninguna forma lo limite! Perdóname la antigua reflexión. No eres lo que ...

JUAN SÁNCHEZ PELÁEZ

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El cuerpo suicida Rosa invisible rasgo puro Venas subyugantes como lámparas de nieve y mi espejo en su lecho fratricida Iba hacia ti Desde la negra edad de mis orígenes Iba hacia ti Cuando la luna ondea en mis sienes desatadas Caías de rodillas con un racimo de frutas. Los perversos ojos del cielo recubren tu llama La espiga vigilante adentro En las zonas del silencio donde la luz no llega. Yo veía un niño agonizando en los jardines El que arrojaba uvas delirantes a las duras bahías Y los cuerpos ahogados en la noche Cuando arden cenizas en la magia de Dios. Yo he visto alfombras proteger sus rebaños de ignorancia Altares y arcos Los senos, bases de fuego fascinante El perfecto hábito del semen Joya de abismo, taciturno enigma. Belleza Interrumpida mi plática, vuelvo a hablar contigo de la partida y el regreso. Todo sucedió a vuelo de pájaro, belleza:  a lavez mundo compacto, cerrado y libre.  Al abrir los ojos en la llama fría, era un lorito ufano; te busqué de verdad, lamía ...

MIYÓ VESTRINI

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XII Me levanto no me levanto me detestan me ligo atropello a un motociclista con alevosía y premeditación me entrego al complejo de edipo deambulo estudio con sumo cuidado las diferencias entre dirritmia- psicosis-esquizofrenia-neurosis-depresión-síndrome-pánico- y me arrecho quedo sola en la casa cuando todos duermen compro una revista que cuesta seis dólares le roban la cartera a mi mejor amiga me agarran amo a mi amigo lo empujo lo asesino recuerdo el paraguas de Amsterdam y la lluvia Y el gesto airado me dedico a la bebida para evitar el infarto mastico la comida cincuenta veces y me aburro y me aburro adelgazo engordo adelgazo me transo no me transo me quedo quieta y lloro alguien me toma en sus brazos y me dice quieta quieta estoy aquí dejo de llorar escucho el viento que sopla cerca del mar solamente cerca del mar acepto que existan cucarachas voladoras descubro que todas mis amigas tratadas por psicoanalistas se han vuelto totalmente tristes totalmente bobas me leen el oráculo ...

PEPE BARROETA

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Todos han muerto Todos han muerto. La última vez que visité el pueblo Eglé me consolaba y estaba segura, como yo, de que habían muerto todos. Me acostumbré a la idea de saberlos callados bajo la tierra. Al comienzo me pareció duro entender que mi abuela no trae canastos de higo y se aburre debajo del mármol. En el invierno me tocaba visitar con los demás muchachos el bosque ruinoso, sacar pequeños peces del río y tomar, escuchando, un buen trago. No recuerdo con exactitud cuándo empezaron a morir. Asistía a las ceremonias y me gustaba colocar flores en la tierra recién removida. Todos han muerto. La última vez que visité el pueblo Eglé me esperaba dijo que tenía ojeras de abandonado y le sonreí con la beatitud de quien asiste a un pueblo donde la muerte va llevándose todo. Hace ya mucho tiempo que no voy al poblado. No sé si Eglé siguió la tradición de morir o aún espera. Néstor Si no me amas mato a mi padre. Lo dejaré caer escaleras abajo y veré cómo su cráneo añoso se descorre precip...

RAFAEL CADENAS

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Las paces Lleguemos a un acuerdo, poema. Ya no te forzaré a decir lo que no quieres ni tú te resistirás tanto a lo que deseo. Hemos forcejeado mucho. ¿Para qué este empeño en hacerte a mi imagen Cuando sabes cosas que no sospecho? Líbrate ya de mí. Huye sin mirar atrás. Sálvate antes de que sea tarde. Pues siempre me rebasas, sabes decir lo que te impulsa y yo no, porque eres más que tú mismo y yo solo soy el que trata de reconocerse en ti. Tengo la extensión de mi deseo y tú no tienes ninguno, sólo avanzas hacia donde te diriges sin mirar la mano que mueves y te cree suyo cuando te siente brotar de ella como una sustancia que se erige. Imponle tu curso al que escribe, él sólo sabe ocultarse, cubrir la novedad, empobrecerse. Lo que muestra es una reiteración cansada. Poema, apártame de ti. Mandelstam Vivo ¿a quién debo este honor?   Mi alma vacila. Dante me acompaña a través de la noche soviética.   Yo vago entre las ruinas de la Hélade.   No puedo huir. Esconde los poema...

RAMÓN PALOMARES

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Elegía a la muerte de mi padre  Esto dijéronme:  Tu padre ha muerto, más nunca habrás de verlo.  Ábrele los ojos por última vez  y huélelo y tócalo por última vez.  Con la terrible mano tuya recórrelo  y huélelo como siguiendo el rastro de su muerte  y entreábrele los ojos por si pudieras  mirar adonde ahora se encuentra.  Ya los gavilanes han dejado su garra en la cumbre  y en el aire dejaron pedazos de sus alas,  con una sombra triste y dura se perdieron  como amenazando la noche con sus picos rojos. Las potentes mandíbulas del jaguar se han abandonado  a la noche se han abandonado como corderos  o como mansos puercos pintados de arroyo;  vélos abrirse paso en el fondo del bosque  junto a los ríos que buscan su lecho subterráneo.  Y de esos mirtos y de esas rosas blancas  toma el perfume entre las manos y échalo lejos,  lejos, donde haya un hacha y un árbol derribado.  Ya entró la terri...